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Después miró la pizarra.
Finalmente respondió:
—Técnicamente…
Los niños comenzaron a gritar:
—¡MATEO GANÓ!
—¡MATEO GANÓ!
La profesora golpeó suavemente la mesa con el marcador.
—¡Aquí nadie está compitiendo!
Mateo levantó la mano.
—Entonces ¿gané?
—No.
—Pero tenía razón.
—Continúa la clase, Mateo.
—Eso significa que sí.
Carolina respiró profundamente.
Todavía quedaban cuatro horas de jornada escolar.
PERO EL FERRARI ERA SOLO EL PRINCIPIO
Al día siguiente la profesora estaba enseñando profesiones.
—¿Qué hace tu mamá? —preguntó a una niña.
—Es doctora.
—¿Y tu padre?
—Contador.
Llegó nuevamente Mateo.
—¿Qué hace tu papá?
El niño respondió:
—Arregla la electricidad.
—Muy bien. Entonces es electricista.
—Pero también es piloto.
Carolina levantó lentamente la mirada.
—Mateo.
—¿Qué?
—Ayer tenía un Ferrari.
—Todavía lo tiene.
—Y ahora resulta que también es piloto.
—Sí.
—¿Piloto de avión?
—No.
—¿Entonces?
—Del control remoto.
Toda la clase volvió a reírse.
La profesora se sentó.
—Voy a dejar de preguntarte cosas sobre tu padre.
Mateo parecía decepcionado.
—Él también sabe karate.
Carolina ni siquiera quiso saber.
LA REUNIÓN DE PADRES
Una semana después hubo una reunión escolar.