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—¿Qué medio de transporte utilizamos para cruzar el océano? —preguntó.
Lucas levantó la mano.
—Avión.
—Muy bien.
Valentina levantó la suya.
—También barco.
—Perfecto.
Entonces Mateo gritó desde el fondo:
—¡Mi tío dice que nadando sale más barato!
Todos comenzaron a reír.
Carolina cerró los ojos.
Mateo era uno de esos alumnos que podían transformar cualquier clase en una comedia sin proponérselo.
—Mateo, por favor.
—Pero es verdad, profesora.
—Tu tío no va nadando de América a Europa.
—Por eso nunca ha ido.
Más risas.
Carolina tuvo que taparse la boca para no reír también.
—Vamos a continuar.
Decidió cambiar la actividad.
—Vamos a hablar de automóviles.
La profesora dibujó un pequeño carro en la pizarra.
—¿Quién sabe decirme una marca?
Las manos comenzaron a subir.
—Toyota.
—Honda.
—Ford.
—Mercedes.
—BMW.
Mateo levantó ambas manos.
—¿Por qué levantas dos?
—Porque sé dos.
—Dime una.
—Ferrari.
—Muy bien.
—La otra es Lamborghini.
—Excelente. Baja las manos.
Mateo obedeció.
Durante aproximadamente siete segundos.
Después volvió a levantarlas.
La profesora decidió ignorarlo.
LA PREGUNTA QUE CAMBIÓ LA CLASE
Carolina quiso relacionar la lección con la vida cotidiana.