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—Ahora cada uno me dirá qué vehículo utiliza su familia.
Señaló a Sofía.
—¿Qué auto tiene tu mamá?
—Un Hyundai blanco.
—Muy bien.
—¿Y tu papá, Daniel?
—Una camioneta Toyota.
—Perfecto.
Otro niño respondió:
—Mi papá tiene una motocicleta.
La maestra aprovechó.
—Muy bien. Recuerden que no todo el mundo utiliza automóvil.
Llegó el turno de Mateo.
Carolina preguntó:
—¿Qué auto tiene tu papá?
Mateo respondió sin dudar:
—Un Ferrari rojo.
Los niños hicieron un sonido colectivo.
—¡Wooooow!
Uno preguntó:
—¿De verdad?
Mateo asintió orgulloso.
—Sí.
La profesora conocía bastante bien a la familia.
El padre de Mateo, Roberto, era electricista.
Un hombre trabajador y muy amable que todas las mañanas llevaba al niño a la escuela en una vieja camioneta gris.
Una camioneta tan antigua que Carolina sabía cuándo llegaban sin necesidad de mirar por la ventana.
El motor anunciaba su presencia desde media calle.
—Mateo —dijo la profesora—, creo que estás confundido.
—No.
—Yo he visto el vehículo de tu papá.
—Sí.
—Y no es un Ferrari.
Mateo sonrió.
—Ese es el que usa para trabajar.
—¿Y tiene otro?
—Sí.
Los niños estaban fascinados.