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PARTE 4 — EL SUEÑO NO TERMINÓ CON EL PRIMER VUELO
Con el tiempo, Alexander comprendió que convertirse en piloto no era el final de su historia.
Era apenas el comienzo.
Todavía tenía mucho que aprender.
Cada vuelo le enseñaba algo nuevo.
Cada experiencia aumentaba su responsabilidad.
Y cada vez que veía a un niño mirar un avión desde tierra, recordaba quién había sido él.
Un día, después de aterrizar, vio a un grupo de jóvenes cerca del aeropuerto.
Uno de ellos señalaba el avión emocionado.
—¡Mira!
Alexander se quedó observándolo durante unos segundos.
El niño levantó la cabeza.
Alexander sonrió.
Por un instante se vio reflejado en él.
Se acercó y le preguntó:
—¿Te gustan los aviones?
El niño respondió inmediatamente:
—¡Muchísimo! Quiero ser piloto cuando sea grande.
Alexander sonrió.
—Entonces estudia mucho.
El niño lo miró con seriedad.
—¿De verdad puedo conseguirlo?
Alexander recordó todas las veces que él mismo había hecho aquella pregunta.
Se agachó y le respondió:
—No puedo prometerte que será fácil. Pero sí puedo decirte algo: no abandones solo porque sea difícil.
El niño sonrió.