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No era simplemente una fotografía.
Era un mensaje para las personas que habían estado con él durante todo aquel camino.
Especialmente para su familia.
Después guardó el teléfono.
Ya no había tiempo para mirar atrás.
Era momento de subir.
Cuando se sentó en la cabina, sintió que el corazón le latía con fuerza.
Miró los instrumentos.
Respiró.
Y pensó:
“Alexander, el niño que miraba los aviones desde abajo, finalmente está aquí.”
El avión comenzó a moverse.
Y mientras avanzaba por la pista, recordó todas las veces que había pensado que aquel día nunca llegaría.
Entonces llegó el momento.
El avión comenzó a elevarse.
Alexander miró por la ventana.
La tierra empezó a quedar atrás.
Y una emoción difícil de describir apareció en su rostro.
Había despegado.
Su sueño ya no estaba en el cielo.
Ahora estaba viviendo dentro de él.
PARTE 3 — LA PERSONA A LA QUE NUNCA OLVIDÓ
Durante el vuelo, Alexander tuvo unos segundos para pensar.
Desde aquella altura, las carreteras parecían pequeñas líneas y las casas parecían diminutas.
Pero sus recuerdos seguían siendo enormes.