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Pero ahora todo era diferente.
Ya no estaba imaginando cómo sería.
Ahora tenía que hacerlo.
Se levantó temprano.
Se preparó en silencio y observó su uniforme durante unos segundos.
Las insignias sobre sus hombros representaban mucho más que una profesión.
Representaban madrugadas.
Sacrificios.
Horas de estudio.
Dudas.
Y muchas veces en las que tuvo que decir “no puedo” para después obligarse a responder:
“Sí puedo. Solo necesito seguir.”
Antes de salir, llamó a su madre.
—Mamá.
—¿Sí, hijo?
Alexander respiró profundamente.
—Hoy hago mi primer vuelo como piloto.
Al otro lado de la llamada hubo unos segundos de silencio.
Después escuchó la voz emocionada de su madre.
—Sabía que algún día lo conseguirías.
Alexander sonrió.
—Tengo un poco de miedo.
—Tener miedo no significa que no estés preparado. Significa que entiendes la importancia de lo que vas a hacer.
Aquellas palabras le dieron tranquilidad.
Antes de subir al avión, Alexander sacó su teléfono.
Quería guardar aquel momento para siempre.
Entonces tuvo una idea.
Tomó una fotografía frente al avión mientras sostenía un cartel que decía:
«Hago mi primer vuelo como piloto, gracias por tu bendición.»