En otras palabras, depositan una mezcla de saliva y enzimas que comienza a descomponer el alimento casi de inmediato. Esto les permite transformarlo en una especie de líquido que luego pueden absorber fácilmente.
Todo este proceso ocurre con gran rapidez, por lo que normalmente pasa desapercibido. En cuestión de segundos, la superficie del alimento ya puede tener una capa microscópica de esa sustancia.
Pero el problema no termina ahí.