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El director permaneció en silencio.
Carolina estaba llorando de risa.
Roberto dijo:
—Se lo dije. Exclusivo.
LA HISTORIA SE HIZO FAMOSA EN LA ESCUELA
Durante semanas, cada vez que Roberto llegaba en su camioneta algún profesor bromeaba:
—¿Hoy dejó el Ferrari en casa?
Él respondía:
—No me gusta presumir.
Mateo estaba encantado.
Pero la profesora también aprovechó aquella situación para enseñar algo.
Al día siguiente escribió en la pizarra:
“Una respuesta puede ser verdadera y aun así producir una impresión equivocada.”
Preguntó:
—¿Alguien puede darme un ejemplo?
Todos miraron a Mateo.
Él levantó la mano.
—Mi papá tiene un Ferrari.
—Exactamente.
Carolina explicó:
La frase era verdadera.
Roberto tenía un pequeño Ferrari de colección.
Pero todos interpretaron que tenía un automóvil deportivo real porque faltaba información.
—Por eso —dijo—, cuando contamos algo debemos pensar si la otra persona está entendiendo lo mismo que nosotros queremos decir.
Mateo levantó la mano.
—Entonces usted preguntó mal.
La profesora se quedó callada.
—¿Cómo?
—Tenía que preguntar: “¿Qué automóvil real conduce tu papá?”
Los niños comenzaron a reír.
Carolina sonrió.
—También es verdad.
LA SIGUIENTE ACTIVIDAD FUE PEOR
Carolina decidió probar algo.