l colágeno no se “agota” de golpe. Se deshilacha.
Lo que ves en el espejo no empieza con una arruga. Empieza mucho antes: con una piel que ya no rebota, con rodillas que crujen al levantarte, con manos que se sienten más secas, con ese cansancio raro en las articulaciones que antes no estaba.
Y sí, el colágeno natural está en el centro de todo eso. Cuando baja, la piel pierde firmeza, la celulitis se marca más fácil, los huesos se sienten menos protegidos y los tendones ya no trabajan con la misma soltura.
La industria del bienes