Cómo “sacar” los químicos del pollo del supermercado: el consejo revelador de un trabajador del matadero

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El pollo es, sin duda, una de las  carnes más consumidas en el mundo. Su precio accesible, su sabor suave y su versatilidad en la cocina lo convierten en protagonista de millones de mesas. Sin embargo, pocos consumidores son conscientes de que el pollo que compramos en supermercados no siempre es tan natural como creemos.

Trabajadores de mataderos y plantas de procesamiento han revelado que muchos pollos industriales pueden contener restos de antibióticos, hormonas, conservantes y soluciones de agua con sales utilizadas durante el proceso de sacrificio y conservación. ¿Qué significa esto? Que la carne puede retener  químicos que no siempre queremos llevar a nuestra mesa.

Pero la buena noticia es que existen técnicas caseras para limpiar el pollo y reducir al mínimo estos residuos.

¿Qué químicos puede contener el pollo del supermercado?

  1. Agua con fosfatos y sodio: inyectada para conservar y dar “peso” a la carne.

  2. Residuos de antibióticos: usados en granjas para prevenir enfermedades en criaderos intensivos.

  3. Hormonas de crecimiento (en algunos países aún se utilizan).

    Aves de corral
  4. Cloro o peróxido: empleados en el lavado industrial de los pollos.

  5. Conservantes que alargan la vida útil en el supermercado.

Aunque en cantidades legales suelen estar regulados, muchos consumidores prefieren minimizar su ingesta.

El consejo práctico de un trabajador de matadero

Un ex empleado de matadero explicó que la manera más simple de “sacar” gran parte de estos químicos es lavar y remojar el pollo de forma correcta antes de cocinarlo.

El procedimiento recomendado es:

Minoristas de alimentación y tenderos

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