El pollo es, sin duda, una de las carnes más consumidas en el mundo. Su precio accesible, su sabor suave y su versatilidad en la cocina lo convierten en protagonista de millones de mesas. Sin embargo, pocos consumidores son conscientes de que el pollo que compramos en supermercados no siempre es tan natural como creemos.
Trabajadores de mataderos y plantas de procesamiento han revelado que muchos pollos industriales pueden contener restos de antibióticos, hormonas, conservantes y soluciones de agua con sales utilizadas durante el proceso de sacrificio y conservación. ¿Qué significa esto? Que la carne puede retener químicos que no siempre queremos llevar a nuestra mesa.
Pero la buena noticia es que existen técnicas caseras para limpiar el pollo y reducir al mínimo estos residuos.
¿Qué químicos puede contener el pollo del supermercado?
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