Cuando perdemos un objeto importante —las llaves, un documento, un anillo— la frustración aparece de inmediato. Antes de la tecnología, los rastreadores y las aplicaciones modernas, nuestras abuelas recurrían a rituales sencillos cargados de simbolismo, basados en la intención, la calma y la fe.
Una tradición popular transmitida de generación en generación que muchas personas aseguran que “funciona” cuando algo parece imposible de encontrar.