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Para maximizar la eficacia de su trampa, colóquela donde los mosquitos sean más activos: cerca de fuentes de agua estancada, en rincones sombreados de su jardín o en las inmediaciones de las puertas y ventanas principales.
Este dispositivo se basa en principios físicos y biológicos sencillos. El dióxido de carbono los atrae inevitablemente, y la química del jabón hace el resto. Notará una diferencia significativa desde la primera noche, con una drástica reducción de las picaduras y el zumbido nocturno, lo que le permitirá volver a disfrutar de sus noches al aire libre.
Para mantener la eficacia de la trampa, recuerde renovar la mezcla cada 3 o 4 días, ya que la fermentación se ralentiza de forma natural. Además, no dude en cambiar de lugar el cubo semanalmente para adelantarse a estas plagas.