Investigaciones sobre fisiología del sueño han encontrado que las personas que mantienen sus pies calientes durante la noche tienden a dormirse más rápido y experimentar un sueño más continuo. Esto ocurre porque el cuerpo logra entrar con mayor facilidad en las primeras fases del descanso, que son esenciales para alcanzar posteriormente el sueño profundo y el sueño REM.
Además, la temperatura corporal también influye en la liberación de melatonina, la hormona que regula el ciclo de sueño-vigilia. Cuando el cuerpo percibe las condiciones térmicas adecuadas para el descanso, la producción de melatonina puede aumentar, favoreciendo una sensación natural de somnolencia.
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