Si siente mareos, palpitaciones o una debilidad inusual, consulte a su médico para saber si su tratamiento debe ser reevaluado.
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Medicamento n.º 3: Descongestionantes como la pseudoefedrina
Los descongestionantes pueden despejar la nariz, pero también pueden estrechar los vasos sanguíneos y aumentar la presión arterial. Algunas personas pueden sentir aceleración del ritmo cardíaco, nerviosismo o molestias en el pecho después de tomarlos.
Las personas mayores con hipertensión arterial o problemas cardíacos deben tener especial cuidado y consultar a un farmacéutico o médico antes de utilizar estos productos.
Medicamento n.º 2: Inhibidores de la bomba de protones para la acidez estomacal
Estos medicamentos se utilizan frecuentemente para tratar el reflujo gastroesofágico y la acidez estomacal. Aunque pueden ser eficaces, su uso diario prolongado puede provocar cambios en los niveles de ciertos nutrientes, como el magnesio, lo que en algunos casos puede afectar las funciones musculares y cardíacas.
Si lleva mucho tiempo tomando medicamentos para la acidez, pregunte a su médico si todavía necesita tomarlos todos los días o si algunos cambios en el estilo de vida podrían ayudarle.
Medicamento n.º 1: Algunos bloqueadores de los canales de calcio
Algunos bloqueadores de los canales de calcio, como el verapamilo o el diltiazem, pueden ralentizar el ritmo cardíaco. En algunas personas mayores, esto puede provocar mareos, fatiga, debilidad o agotamiento.
Estos medicamentos pueden ser muy útiles si se prescriben correctamente, pero deben ser vigilados cuidadosamente, especialmente si los síntomas cambian.
Señales de alerta que deben tomarse en serio:
Busque atención médica inmediata si siente dolor en el pecho, dificultad importante para respirar, desmayo, debilidad repentina, hinchazón en una pierna, dolor de cabeza intenso, cambios en la visión o un nuevo ritmo cardíaco irregular.
¿Qué deben hacer las personas mayores?
Es importante no suspender bruscamente los medicamentos recetados. Lo mejor es llevar la lista completa de sus medicamentos a su médico o farmacéutico para que la revise. Informe cualquier hinchazón, fatiga, mareo, cambio en la respiración o alteración del ritmo cardíaco. A veces, un pequeño ajuste realizado de manera segura por un profesional puede marcar una gran diferencia.
Informarse no significa tener miedo. Significa proteger el corazón, hacer mejores preguntas y asegurarse de que cada medicamento que se toma aporte más beneficios que riesgos.
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