El jengibre, con su picor que trepa por la garganta y despierta cada célula, es un antiinflamatorio natural reconocido. Los clavos, esas pequeñas estrellas secas, se
concentran en su interior eugenol, un compuesto con efecto analgésico y antioxidante que la ciencia moderna ha estudiado con atención. Juntos forman un equipo que la medicina tradicional china y ayurvédica lleva siglos utilizando para «encender el fuego interno», mejorar digestiones lentas y aliviar esos dolores reumáticos que tanto molestan cuando llega el frío
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